Entrevista a Adolfo Iñaki Bravo

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En el marco de la exposición Matador inaugurada el pasado 18 de noviembre en La Carnicería, entrevisté a Adolfo Iñaki Bravo para conocer un poco más sobre su propuesta estética y su percepción en torno al desarrollo actual del arte en Chile. Esta entrevista la llevé a cabo en los espacios de la galería mediante una amena conversación con el artista, por lo cual traté de transcribir con la mayor fidelidad posible cada una de sus palabras.
Por Adrián Alvarado Boscán

-¿Cómo inicia tu trayectoria en el mundo del arte?

Partí súper chico, muy joven, a los 13 años. Fue a los 15 años cuando entré a la universidad a estudiar arte en una mención general. Era pintura, dibujo, escultura. No tenía muy claro cuál parte me llamaba la atención. Después me voy de Chile, y estuve años afuera. En ese tiempo me interesó paralelamente la escritura, entonces estudié cuestiones relacionadas con eso, dejé las artes visuales de lado y las tenía solamente como hobbie. Luego vuelvo a Chile, retomo los estudios en arte, egreso y me comienzo a dedicar a esto.

-Más allá de las búsquedas constantes que se perciben en la obra de todo artista, ¿cuáles son los aspectos recurrentes en tu propuesta visual?

En general siento que mi trabajo está muy apegado a la figura humana. No me imagino tener una colección sin nada de figura humana. Es una de las cosas que más me impactan, que más me conmueven, y siento que tal vez es una de las cosas que tiene más poder en nuestra realidad, en nuestro mundo, e incluso en nuestro planeta, por qué no decirlo. Qué cosa más infinita puede haber. Y uno piensa en que el ser humano en sí tiene un alma que es infinita, tenemos el pensamiento, tenemos la capacidad de amar y de sentir. Todo eso me parece tan maravilloso que no podría no testificar de aquello que me conmueve.

-¿Cuáles temas de la historia del arte, y específicamente del arte chileno, marcan un punto de encuentro con tu obra?

No me había dado cuenta de esto, varias personas me lo habían comentado, pero creo que tal vez es bien inconsciente. Vengo de una familia muy religiosa, me formé en un colegio mega religioso, con un catolicismo muy fuerte. Después me mudo a Utah, donde la universidad es mormona. Entonces la religión ha estado súper presente en mi entorno, y si bien me siento un poco disidente de aquel espacio, pienso que está presente en lo que hago. Entonces muchas veces me han dicho que tal modelo tiene alguna posición parecida a la de un santo, a la de San Sebastián, a la cosa de lo sagrado y a la forma en cómo el barroco latinoamericano ha manifestado la religión. Entonces siento que, a pesar de que mi obra es en blanco y negro, existe ese sobrecargo de elementos y me parece que tiene que ver con eso, que viene de allí.

-Has mencionado en distintos momentos a Caravaggio como una influencia, ¿cuáles aspectos de este artista barroco has llevado a tu obra?

Me gusta mucho la forma en cómo interpreta la figura humana. Siento que a pesar de que usaba modelos, hay una interpretación de eso, de cómo lo muestra. Entonces me gusta mucho cómo Caravaggio trata el tema de la sensualidad y de la sexualidad en el hombre, en la figura masculina, en los jóvenes. La musa siempre ha sido la mujer, la mujer bella, la jovencita. Y Caravaggio toma al hombre como la musa, como el hombre-musa y ese aspecto lo encuentro bacán.

-¿Cómo ves la apertura a nuevas propuestas artísticas en los espacios institucionales del actual Chile?

Yo creo que realmente hay una apertura si uno está haciendo lo que ellos quieren, o si tú estás respondiendo a lo que ellos quieren mostrar. Y por otra parte, siento que también es bastante cerrado en el sentido de que el arte contemporáneo tiene en sí ciertos códigos que todo lo que no entre en eso no tiene espacio. Y siento que hay mucho de lo otro que está pasando en Chile que no tiene espacio allí. Pero no por eso deja de estar presente. Por eso me parece súper interesante lo que pasa en Chile con el arte callejero, o con aquellos artistas recién egresados que están armando exposiciones en espacios pequeños. Creo que allí hay muchas cosas interesantes y nuevas por encontrar.

-Actualmente han surgido profundos cuestionamientos con respecto a los espacios tradicionales de exhibición (museos, galerías), ¿piensas que el arte debe salir al espacio público para así generar nuevas lecturas en potenciales espectadores?

Estos espacios tradicionales son espacios públicos. El problema es por qué las personas no están entrando a estos lugares públicos, no es porque les cobren una entrada o sean privados, sino porque en esos espacios se manejan códigos que solamente entienden las personas que están inmersas en aquel mundo. Entonces qué es lo que pasa, una persona va una vez al museo, no entiende nada, puede que vaya a otra, no entiende nada, lo más probable es que no vuelva nunca más. Por eso creo que la forma no es tal vez abrir esto para que la gente tenga la posibilidad de ver arte, pero sí opino que para que el arte se pueda abrir a las personas, los artistas visuales deberíamos efectivamente pensar en que lo que hacemos lo va a ver alguien.

-En trabajos anteriores has representado temas muy polémicos de la historia política de Chile, ¿planteas una conciencia social a través del arte?

En Chile vienen pasando muchas cosas política y socialmente. Creo que ha habido revoluciones bien grandes y levantamientos de personas muy grandes, más allá de si se ha logrado mucho o poco con esto que pasa. Esos levantamientos han existido y creo que eso es tremendamente notable de un país que viene con una historia de dictadura súper larga y con esa herencia de silencio. Ese levantamiento de voz fue para mí muy fuerte, fue súper fuerte llegar y encontrarme con esto en Chile. Siento que con eso vienen un montón de cosas, y creo que una de las cosas que pasa con los movimientos sociales es que comenzaron a surgir códigos estéticos. Es diferente una marcha de esta época a cómo eran las marchas en los setenta, tiene una particularidad, y efectivamente también es muy distinto a cómo se hacen marchas por ejemplo en Argentina o en Venezuela. Entonces pensaba yo qué interesante ver estas particularidades y poder tomar elementos y con estos elementos visuales poder testificar de lo que está pasando. Y muchas veces no es tan crítico mi arte, no cuestiona tanto tal vez, pero sí es importante para mí ver lo que está pasando y testificar eso tomando códigos visuales que son bacanes.

-Además de los aspectos temáticos de cada una de tus obras resultan sugestivas las cualidades gráficas, ¿consideras como parte de tu trabajo la experimentación en los lenguajes propiamente formales?

Para mí es súper importante cómo se presenta lo que uno quiere decir. Es bien interesante lo que pasa con la representación de las cosas. En una de mis primeras exposiciones ocupé figuras de encapuchados, de personas que efectivamente eran parte de este movimiento. Me interesaba mucho tomar los rostros, y poner solamente estos rostros con esa mirada de seguridad, o tal vez de cuánta emoción puede contener una mirada de una persona que está luchando. Está en su cuerpo, está en su actitud. Entonces las personas van a la galería, ven a estos personajes y piensan en la belleza. Pero esa misma mirada está en los jóvenes de la micro o de los que van a una marcha o a la feria del colegio o luchando por algo. Son las mismas miradas. Pero me refiero que al representarlo, la persona lo mira con más atención. Entonces por eso para mí es súper importante que técnicamente esté bien hecho, bien ejecutado, porque siento que lo merece.

-Por último, ¿cuál es el motivo de la ausencia de color en tus obras?

El tema del blanco y negro surgió porque antes de exponer en galerías y hacer exposiciones individuales, la forma de compartir lo que hacía era pegando mis creaciones en las calles con un grupo de amigos. Hacíamos dibujos, los imprimíamos y los pegábamos y de esa manera exponíamos. Todo eso duró un buen rato, tal vez un año, antes de comenzar a exponer por primera vez en un lugar. Entonces la forma más fácil de poder reproducir estas obras era haciéndolas en blanco y negro. Y también para mí tiene valor hacerlas en blanco y negro y que solamente sean línea y plano porque me gusta cuando veo un dibujo terminado y siento que todo lo que sentía o todo lo que me pasaba está allí, mirándote tan potentemente. Me gusta pensar que uno puede lograr eso con lo minimal, con lo más minimalista que es la línea y un plano. Entonces me gusta pensar que en la vida uno puede construir lo que uno quiera con muy poco, con lo esencial.

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